Nota del autor a los perdidos amantes de lo independiente:
Sí, ya se, lo que quieres es leer el final de la historia, no al autor, pero me cuelguen de un dedo sino lo he dicho antes: Amo hacer esto; Darles algo que leer y sacarlos por un momento de aquellas novelas consumistas y plásticas es una delicia casi fetichista. El camino de la escritura es tan extenso y variado que me alegra mucho que se hayan tomado el tiempo de leer esta pequeña serie hasta el final, así sean dos o cincuenta personas, les agradezco muchísimo el seguir a nuestra amiga y al conejo hasta lo que parece ser mas una desventura que aventura, aun así no se apresuren, puede ser que en este último tomo todo pinte mejor para ambos, pero sin salirnos del tema: si alguno de ustedes se siente en un lapsus de complicidad conmigo o simplemente solidario, les agradecería mucho el compartir este relato a sus amigos o conocidos o a cualquier persona que desee leer algo fresco y nuevo, porque así me sentiré motivado a seguir y seguir con estas historias, porque no es el dinero lo que motiva, sino el aprecio y cariño que ustedes toman a mis personajes, que son como mis hijos.
Un abrazo, Juan.
Verónica & La huella hedionda (Cuarta y ultima parte).
De repente estaba detrás de unos juegos infantiles escondida, por más que intentaba reconocer el sitio no podía, pero se veía así misma de niña de nuevo, sólo que esta vez tenía al rededor de siete años y había alguien con ella pero no podía ver con claridad quien, se esforzó un poco más asomando la cabeza y reconoció a John, también él estaba de siete años, y tenia algo en la mano...
Verónica estaba de nuevo dentro de un recuerdo, hacia segundos había visto como la bruja destrozaba a Teddy en tres pedazos, cabeza, torso, y finalmente le arrancó una piernita, entonces después del impacto de la visión intentó ponerse de pie pero la debilidad y el dolor del tobillo la empujaron a caer mirando el cielo crepuscular, se apoyó de costado y miró como la bruja y el claro giraron como sucedió con las tazas, también vio de nuevo todo llenándose de colores vivos, y segundos después ya estaba parada frente al antiguo parque, corrió a esconderse detrás de unos juegos infantiles para no ser vista, y extrañamente en el recuerdo no le dolía absolutamente nada; Estaba ahora viéndose así misma y a John jugando, se veían tan alegres que la chica no pudo evitar sonreír, entonces aguzó la mirada y casi cae de la impresión al notar que John llevaba a Teddy en la mano.
-Por favor John- dijo la pequeña Verónica con voz de suplica. -Regalame tu oso azul.
-Ya te dije- respondió John -Que te lo daré cuando seamos grandes para que lo CUIDES, porque los chicos al crecer ya no queremos a nuestros peluches, pero las niñas aún los cuidan.
Cuidan...
Cuidan...
Verónica sintió algo rompiéndose dentro de ella, se sintió tan inhumana e insensible, y aterrada por olvidar comprobar que podía olvidar cosas tan importantes, y ahora el recordarlas tan abruptamente le había hecho mal al corazón, Recordó pues que Teddy siempre había sido de John, que ella siempre lo había querido por su bonito color y aspecto dulce, recordó como lo rechazó miles de veces años después a quien había sido su inseparable amigo de juegos y travesuras , y el como él cumplió su promesa dándole a Teddy en esa caja después de todo lo que ella había hecho la hizo sentirse más perra que nada, y por si fuera poco ella ni siquiera recordaba un carajo de todo eso. Se sintió tan mala y sus ojos se inundaron de lágrimas, retrocedió y se sentó abrazada a sus piernas, se sentía maldita por el olvido, presa favorita de las garras del tiempo, estaba apunto de estallar en llanto cuando todo giró de nuevo, deseo ponerse de pie e ir corriendo hacia los niños para abrazar a John, y también para decirse a si misma que no olvidara nunca tan fácil, pero sintió otra vez el frío, el dolor del cuerpo, el sabor a sangre de la boca, su tristeza se transformó en ira, se puso de pie apretando los puños para soportar las punzadas del tobillo y apretando los dientes de enojo, aquél monstruo había roto a Teddy, lastimado a Cave, había engañado y asesinado a otras chicas con su aspecto de niña indefensa y lo tenía que pagar. Tenía que pagarlo todo.
-¿Tienes miedo?- preguntó la criatura mientras avanzaba hacia ella.
-Tengo miedo a cosas peores que tú- respondió Verónica y corrió hacia el monstruo ignorando el dolor agudo del tobillo y pegó un grito lanzándose hacia su tórax que recibió el impacto con sorpresa, haciendo que la criatura cayera de espaldas al suelo, Verónica cayó justo sobre ella y comenzó a lanzar puñetazos violentos y energéticos a la cara del monstruo, el cual lanzaba picotazos que la niña esquivaba apenas por segundos, la chica cayó a un costado y tanteó con la mano hasta dar con un trozo de madera gruesa de la cual se apoyó para ponerse de pie, ya estando, lo tomó con ambas manos y lo estrelló con todas sus fuerzas en las costillas de mono del monstruo que recién se levantaba aturdido por los golpes, al golpear la madera en las costillas, Verónica escuchó un "crack!" y la criatura chilló de dolor, la chica renovada por el enojo de la destrucción de su oso saltó de nuevo sobre su rival y ambas rodaron entre picotazos y puñetazos, quedó entonces Verónica sobre el monstruo y el coraje la armó de valor para meter sus pulgares con mucha fuerza en los ojos de cuervo de la criatura que chilló de dolor y se revolcó en el pasto. Verónica se levantó asustada y se tambaleó de pie.
-¡Estoy ciega, sucia hija de puta! ¡Oh, estoy ciega!- dijo la bruja mientras los chorros de sangre negra salpicaban por todas partes.
Verónica estaba asqueada y aterrada, sus ojos llorosos permanecían mirando como la sangre negra salia de las cuentas del monstruo, el cual hacia todo por intentar levantarse pero caía de nuevo a retorcer su criptido ser y soltar insultos para ella.
La chica avanzó cojeando hacia las rocas sobre las cuales había caído anteriormente, y tomó la mas grande que encontró, la levantó con ambas manos y mucho esfuerzo y sin decir nada caminó hacia la criatura mordiéndose el labio herido para soportar el dolor del tobillo, estando frente a la moribunda criatura alzó la roca con ambas manos y la dejó caer en su cabeza de pájaro con toda su fuerza, esta se dejó de mover y chillar al acto. Estaba muerta. Verónica se dejó caer al pasto adolorida y devastada, ya sin energía ni ánimos para levantarse de nuevo comenzó a arrastrarse hacía los restos de Teddy, los cuales recogió con sumo cuidado, también juntó la felpa que se le había salido y los abrazó con suavidad.
-Lo siento por todo- dijo, y no pudo resistir las lágrimas por mas tiempo y se echó a llorar desconsoladamente, lloró porque Teddy estaba despedazado, lloró por olvidar tantas cosas importantes, lloró porque extrañaba a su madre más que nunca, lloró porque sabía que también extrañaba y necesitaba a John, lloró fuerte y amargamente, como una niña pequeña, abrazó los restos del oso azul y se hizo un ovillo de llanto y frío, lloró también por miedo, y cayó en cuenta que desde que su madre murió había tenido miedo, había vivido aterrada, se había sentido sola y abandonada, desprotegida y asustada.
-¡Verónica!-
Cave había despertado y salido de la mochila, corría a velocidad hacía ella, se detuvo a mirar al monstruo lapidado unos segundos con asombro y corrió hacia la chica que lloraba en posición fetal.
-¡Verónica! ¡¿Que pasó, estas bien?!- le dijo mirando como el abrigo de la chica estaba rasgado, su cabello enmarañado y lleno de trocitos de hojas secas y ramitas rotas, como sus manos ensangrentadas cubrían su rostro y formaban una mezcla ennegrecida y como lloraba sin consuelo. Verónica retiró las manos de su cara, lo jaló hacia ella y lo abrazó con fuerza mientras le daba besos rápidos y apresurados.
Es...ta...mu...muert..ta..pe...pe...ro...o...rompió a...Te...ddy...- le respondió la chica entre llanto. -¡Me ale...gra tanto que e...stés bien!-
Cave sobó su morro en la mejilla empapada de la chica.
-Perdón por no haber sido de ayuda, pero tú lo lograste sola, fuiste muy valiente, nos salvaste a ambos, y tranquila, podemos reparar a Teddy- le dijo animándola.
-So...solo quiero irme a ca..s...sa, teng...o mu...mucho miedo y fri...frío- respondió llorando y temblando ella que no había llorado en muchísimo tiempo.
Cave se deslizó de sus brazos, y aumentó su tamaño, la tomó con sus patas y la abrazó contra el para protegerla del frío, miró a aquella niña sucia y ensangrentada que lloraba temblando de frío y miedo echa un huevito, luego miró al monstruo muerto con una roca sobre el cráneo destrozado y comprendió el horror que la chica experimentó, la valentía que tuvo que poseer para poder sobrevivir, bajó la mirada hacia la niña que lloraba y descubrió que estaba abrazando los restos del oso azul, aquél oso azul que había traído con ella de casa y había ocultado de el para no delatar que estaba asustada, que siempre lo había estado, que vivía con miedo, Cave sintió tanta simpatía y ternura por Verónica que la abrazó aun más fuerte contra él mientras el alba comenzaba a asomar entre las copas de los árboles y los animales del bosque se despertaban y caminaban hacía el claro para observar tristes como la chica se deshacía en lágrimas de dolor.
Epílogo:
TOCK. TOCK.
-Lo siento, ya cerramos-
TOCK. TOCK.
-Ya cerramos, hoy cerramos mucho mas temprano-
TOCK. TOCK.
John dejó de hacer el inventario del día y avanzó enojado hacia la puerta de la cafetería, la abrió de mala gana y se le pusieron los ojos como platos al ver a Verónica en el portal, con el labio levemente hinchado y pequeñas costras de rasguños en la cara, tenía un vestido y un suéter encima, un par de botas y una venda en la parte baja de la espinilla que parecía continuar hasta el tobillo.
-De mal humor ¿Hm?- dijo ella.
-¡Verónica! ¡No! Yo... Yo creí que era algún necio... Que... ¡Que sorpresa!- le respondió el chico avergonzado.
-Bueno, ¿Me harás pasar o puedo comenzar a montar mi tienda de campaña aquí afuera?- dijo ella sonriendo.
John abrió la puerta aún confundido y la chica entró cojeando un poco.
-¿Estas bien?- le dijo el cerrando tras ellos y señalando el tobillo de la chica y mirándola, ya que parecía salida de una pelea callejera.
-Aja, brujerías- respondió ella y se sentó en un silla con la mirada clavada en el chico, que la evitaba de nervios.
-¿Que... Que te trae por aquí?- preguntó aún impactado por el hecho que después de rechazarlo tantas veces, ahora ella estuviera tocando a su puerta.
Verónica tomó aire.
-Fui tan estúpida, tan inhumana, tan malagradecida contigo- empezó a decirle a John-Siempre estuviste ahí para mi y yo siempre fui tan tonta, quiero que me perdones por todo John... Por ser tan mala contigo- dijo ella con un nudo en la garganta pero orgullosa como siempre, resistiendo no llorar y continuó -Se que no lo merezco, que merezco que ahora tu me des la espalda y me lances a la calle, pero por favor... Estoy tan arrepentida...
John la miraba con sorpresa y ella le devolvía una mirada triste y sumisa, el chico avanzó hacía ella, le sonrió, le extendió la mano, Verónica la tomó, se puso de pie y John la estrechó a sus brazos, ella solo pudo rodearlo con los suyos por el cuello, cerrar los ojos, apoyar su cabeza en el pecho del chico y sonreír de alegría mientras una sensación cálida y hermética la inundaba por dentro y hacia su corazón latir de vitalidad.
Sí, ya se, lo que quieres es leer el final de la historia, no al autor, pero me cuelguen de un dedo sino lo he dicho antes: Amo hacer esto; Darles algo que leer y sacarlos por un momento de aquellas novelas consumistas y plásticas es una delicia casi fetichista. El camino de la escritura es tan extenso y variado que me alegra mucho que se hayan tomado el tiempo de leer esta pequeña serie hasta el final, así sean dos o cincuenta personas, les agradezco muchísimo el seguir a nuestra amiga y al conejo hasta lo que parece ser mas una desventura que aventura, aun así no se apresuren, puede ser que en este último tomo todo pinte mejor para ambos, pero sin salirnos del tema: si alguno de ustedes se siente en un lapsus de complicidad conmigo o simplemente solidario, les agradecería mucho el compartir este relato a sus amigos o conocidos o a cualquier persona que desee leer algo fresco y nuevo, porque así me sentiré motivado a seguir y seguir con estas historias, porque no es el dinero lo que motiva, sino el aprecio y cariño que ustedes toman a mis personajes, que son como mis hijos.
Un abrazo, Juan.
Verónica & La huella hedionda (Cuarta y ultima parte).
De repente estaba detrás de unos juegos infantiles escondida, por más que intentaba reconocer el sitio no podía, pero se veía así misma de niña de nuevo, sólo que esta vez tenía al rededor de siete años y había alguien con ella pero no podía ver con claridad quien, se esforzó un poco más asomando la cabeza y reconoció a John, también él estaba de siete años, y tenia algo en la mano...
Verónica estaba de nuevo dentro de un recuerdo, hacia segundos había visto como la bruja destrozaba a Teddy en tres pedazos, cabeza, torso, y finalmente le arrancó una piernita, entonces después del impacto de la visión intentó ponerse de pie pero la debilidad y el dolor del tobillo la empujaron a caer mirando el cielo crepuscular, se apoyó de costado y miró como la bruja y el claro giraron como sucedió con las tazas, también vio de nuevo todo llenándose de colores vivos, y segundos después ya estaba parada frente al antiguo parque, corrió a esconderse detrás de unos juegos infantiles para no ser vista, y extrañamente en el recuerdo no le dolía absolutamente nada; Estaba ahora viéndose así misma y a John jugando, se veían tan alegres que la chica no pudo evitar sonreír, entonces aguzó la mirada y casi cae de la impresión al notar que John llevaba a Teddy en la mano.
-Por favor John- dijo la pequeña Verónica con voz de suplica. -Regalame tu oso azul.
-Ya te dije- respondió John -Que te lo daré cuando seamos grandes para que lo CUIDES, porque los chicos al crecer ya no queremos a nuestros peluches, pero las niñas aún los cuidan.
Cuidan...
Cuidan...
Verónica sintió algo rompiéndose dentro de ella, se sintió tan inhumana e insensible, y aterrada por olvidar comprobar que podía olvidar cosas tan importantes, y ahora el recordarlas tan abruptamente le había hecho mal al corazón, Recordó pues que Teddy siempre había sido de John, que ella siempre lo había querido por su bonito color y aspecto dulce, recordó como lo rechazó miles de veces años después a quien había sido su inseparable amigo de juegos y travesuras , y el como él cumplió su promesa dándole a Teddy en esa caja después de todo lo que ella había hecho la hizo sentirse más perra que nada, y por si fuera poco ella ni siquiera recordaba un carajo de todo eso. Se sintió tan mala y sus ojos se inundaron de lágrimas, retrocedió y se sentó abrazada a sus piernas, se sentía maldita por el olvido, presa favorita de las garras del tiempo, estaba apunto de estallar en llanto cuando todo giró de nuevo, deseo ponerse de pie e ir corriendo hacia los niños para abrazar a John, y también para decirse a si misma que no olvidara nunca tan fácil, pero sintió otra vez el frío, el dolor del cuerpo, el sabor a sangre de la boca, su tristeza se transformó en ira, se puso de pie apretando los puños para soportar las punzadas del tobillo y apretando los dientes de enojo, aquél monstruo había roto a Teddy, lastimado a Cave, había engañado y asesinado a otras chicas con su aspecto de niña indefensa y lo tenía que pagar. Tenía que pagarlo todo.
-¿Tienes miedo?- preguntó la criatura mientras avanzaba hacia ella.
-Tengo miedo a cosas peores que tú- respondió Verónica y corrió hacia el monstruo ignorando el dolor agudo del tobillo y pegó un grito lanzándose hacia su tórax que recibió el impacto con sorpresa, haciendo que la criatura cayera de espaldas al suelo, Verónica cayó justo sobre ella y comenzó a lanzar puñetazos violentos y energéticos a la cara del monstruo, el cual lanzaba picotazos que la niña esquivaba apenas por segundos, la chica cayó a un costado y tanteó con la mano hasta dar con un trozo de madera gruesa de la cual se apoyó para ponerse de pie, ya estando, lo tomó con ambas manos y lo estrelló con todas sus fuerzas en las costillas de mono del monstruo que recién se levantaba aturdido por los golpes, al golpear la madera en las costillas, Verónica escuchó un "crack!" y la criatura chilló de dolor, la chica renovada por el enojo de la destrucción de su oso saltó de nuevo sobre su rival y ambas rodaron entre picotazos y puñetazos, quedó entonces Verónica sobre el monstruo y el coraje la armó de valor para meter sus pulgares con mucha fuerza en los ojos de cuervo de la criatura que chilló de dolor y se revolcó en el pasto. Verónica se levantó asustada y se tambaleó de pie.
-¡Estoy ciega, sucia hija de puta! ¡Oh, estoy ciega!- dijo la bruja mientras los chorros de sangre negra salpicaban por todas partes.
Verónica estaba asqueada y aterrada, sus ojos llorosos permanecían mirando como la sangre negra salia de las cuentas del monstruo, el cual hacia todo por intentar levantarse pero caía de nuevo a retorcer su criptido ser y soltar insultos para ella.
La chica avanzó cojeando hacia las rocas sobre las cuales había caído anteriormente, y tomó la mas grande que encontró, la levantó con ambas manos y mucho esfuerzo y sin decir nada caminó hacia la criatura mordiéndose el labio herido para soportar el dolor del tobillo, estando frente a la moribunda criatura alzó la roca con ambas manos y la dejó caer en su cabeza de pájaro con toda su fuerza, esta se dejó de mover y chillar al acto. Estaba muerta. Verónica se dejó caer al pasto adolorida y devastada, ya sin energía ni ánimos para levantarse de nuevo comenzó a arrastrarse hacía los restos de Teddy, los cuales recogió con sumo cuidado, también juntó la felpa que se le había salido y los abrazó con suavidad.
-Lo siento por todo- dijo, y no pudo resistir las lágrimas por mas tiempo y se echó a llorar desconsoladamente, lloró porque Teddy estaba despedazado, lloró por olvidar tantas cosas importantes, lloró porque extrañaba a su madre más que nunca, lloró porque sabía que también extrañaba y necesitaba a John, lloró fuerte y amargamente, como una niña pequeña, abrazó los restos del oso azul y se hizo un ovillo de llanto y frío, lloró también por miedo, y cayó en cuenta que desde que su madre murió había tenido miedo, había vivido aterrada, se había sentido sola y abandonada, desprotegida y asustada.
-¡Verónica!-
Cave había despertado y salido de la mochila, corría a velocidad hacía ella, se detuvo a mirar al monstruo lapidado unos segundos con asombro y corrió hacia la chica que lloraba en posición fetal.
-¡Verónica! ¡¿Que pasó, estas bien?!- le dijo mirando como el abrigo de la chica estaba rasgado, su cabello enmarañado y lleno de trocitos de hojas secas y ramitas rotas, como sus manos ensangrentadas cubrían su rostro y formaban una mezcla ennegrecida y como lloraba sin consuelo. Verónica retiró las manos de su cara, lo jaló hacia ella y lo abrazó con fuerza mientras le daba besos rápidos y apresurados.
Es...ta...mu...muert..ta..pe...pe...ro...o...rompió a...Te...ddy...- le respondió la chica entre llanto. -¡Me ale...gra tanto que e...stés bien!-
Cave sobó su morro en la mejilla empapada de la chica.
-Perdón por no haber sido de ayuda, pero tú lo lograste sola, fuiste muy valiente, nos salvaste a ambos, y tranquila, podemos reparar a Teddy- le dijo animándola.
-So...solo quiero irme a ca..s...sa, teng...o mu...mucho miedo y fri...frío- respondió llorando y temblando ella que no había llorado en muchísimo tiempo.
Cave se deslizó de sus brazos, y aumentó su tamaño, la tomó con sus patas y la abrazó contra el para protegerla del frío, miró a aquella niña sucia y ensangrentada que lloraba temblando de frío y miedo echa un huevito, luego miró al monstruo muerto con una roca sobre el cráneo destrozado y comprendió el horror que la chica experimentó, la valentía que tuvo que poseer para poder sobrevivir, bajó la mirada hacia la niña que lloraba y descubrió que estaba abrazando los restos del oso azul, aquél oso azul que había traído con ella de casa y había ocultado de el para no delatar que estaba asustada, que siempre lo había estado, que vivía con miedo, Cave sintió tanta simpatía y ternura por Verónica que la abrazó aun más fuerte contra él mientras el alba comenzaba a asomar entre las copas de los árboles y los animales del bosque se despertaban y caminaban hacía el claro para observar tristes como la chica se deshacía en lágrimas de dolor.
Epílogo:
TOCK. TOCK.
-Lo siento, ya cerramos-
TOCK. TOCK.
-Ya cerramos, hoy cerramos mucho mas temprano-
TOCK. TOCK.
John dejó de hacer el inventario del día y avanzó enojado hacia la puerta de la cafetería, la abrió de mala gana y se le pusieron los ojos como platos al ver a Verónica en el portal, con el labio levemente hinchado y pequeñas costras de rasguños en la cara, tenía un vestido y un suéter encima, un par de botas y una venda en la parte baja de la espinilla que parecía continuar hasta el tobillo.
-De mal humor ¿Hm?- dijo ella.
-¡Verónica! ¡No! Yo... Yo creí que era algún necio... Que... ¡Que sorpresa!- le respondió el chico avergonzado.
-Bueno, ¿Me harás pasar o puedo comenzar a montar mi tienda de campaña aquí afuera?- dijo ella sonriendo.
John abrió la puerta aún confundido y la chica entró cojeando un poco.
-¿Estas bien?- le dijo el cerrando tras ellos y señalando el tobillo de la chica y mirándola, ya que parecía salida de una pelea callejera.
-Aja, brujerías- respondió ella y se sentó en un silla con la mirada clavada en el chico, que la evitaba de nervios.
-¿Que... Que te trae por aquí?- preguntó aún impactado por el hecho que después de rechazarlo tantas veces, ahora ella estuviera tocando a su puerta.
Verónica tomó aire.
-Fui tan estúpida, tan inhumana, tan malagradecida contigo- empezó a decirle a John-Siempre estuviste ahí para mi y yo siempre fui tan tonta, quiero que me perdones por todo John... Por ser tan mala contigo- dijo ella con un nudo en la garganta pero orgullosa como siempre, resistiendo no llorar y continuó -Se que no lo merezco, que merezco que ahora tu me des la espalda y me lances a la calle, pero por favor... Estoy tan arrepentida...
John la miraba con sorpresa y ella le devolvía una mirada triste y sumisa, el chico avanzó hacía ella, le sonrió, le extendió la mano, Verónica la tomó, se puso de pie y John la estrechó a sus brazos, ella solo pudo rodearlo con los suyos por el cuello, cerrar los ojos, apoyar su cabeza en el pecho del chico y sonreír de alegría mientras una sensación cálida y hermética la inundaba por dentro y hacia su corazón latir de vitalidad.
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