lunes, 7 de abril de 2014

Verónica y la huella hedionda (1)

El cigarro de esa tarde se consumía demasiado lento, ya que el aire favorecía el posible cáncer de sus pulmones. El aire apenas tenía un soplo ocasional, frío, como un espectro que te suspira en el oído a las horas más muertas de la noche. Verónica y Cave permanecían sentados en lo más alto de una colina y desde ahí contemplaban la ciudad que se asomaba apenas diminutamente entre los árboles espesos. La chica permanecía con la cara sobre sus rodillas, abrazando sus piernas, con el cigarrillo soltando su humo danzante en la mano.  
-La mamá de Julia dijo que dices demasiadas palabras obscenas y que te vistes como si estuvieras en un funeral- comentó Cave.  
-Bueno, estoy en uno: Mi vida- respondió ella y exhaló el humo del cigarro pasivamente-. ¿Qué hacías acaso? ¿Espiar? 
-Sólo recorría la casa, estaba muy aburrido. 
-También yo, por eso salimos de ahí cuanto antes- dijo ella y comenzó a acariciar el morro del conejo-. Cave... Si te pido un favor, ¿Lo harías? 
-Bueno, eso depende. 
-Al carajo con esa mierda, Cave- dejó de acariciar-. Si vas a hacer algo por mí, que sea por mí, no porque creas que también es bueno para ti.  
Cave no se alteró.  
-Siempre sales con alguna locura, Verónica, sólo intento protegerte. 
-¿De qué? 
-De ti misma.  
La chica pasó unos minutos en silencio y finalmente dijo: 
-En la ciudad- apuntó con el dedo- están matando chicas, llevan muertas tres chicas en dos semanas; en este mes, con las del anterior suman seis, y todas presentan huellas de abuso sexual y... Partes del cuerpo comidas.  
-¿Comidas? 
-Sí, quien las mata se come directamente del cadáver algunas partes.  
-...Vaya.  
-Quiero que vayamos a la ciudad y busquemos a quien las mata, y me dejes a mí matarlo.  
-¿Estás loca?- preguntó Cave, no pudiendo evitar un tono de sorpresa.  
-No, estoy molesta- respondió ella, mientras apagaba la colilla en el pasto.  
-¿A ti en qué te afecta? 
-No esperaba menos de ti, no sé cómo carajo sigues conmigo si te da lo mismo que alguien me atrape y me traiga en alguno de estos árboles para violarme y después comerse mis pechos- atajó ella con un evidente tono de indignación.  
-No dejaría que te hagan daño.  Verónica estuvo a punto de discutir de nuevo, pero abrió los ojos y sonrió de manera satisfecha. Se puso de pie y descendió corriendo la colina, Cave corrió tras ella intrigado.  
-¿Adónde vas?- le dijo.  
-A casa, por mi mochila y dinero- respondió ella mientras se montaba en la bicicleta.  
-¿Y para qué quieres todo eso?- preguntó Cave aún sin entender.  
-Me voy a la ciudad a buscar al culpable de esas muertes, Cave- respondió ella cortante, con aquel tono que marcaba un sello de titanio a su decisión, que ya no había nada que la hiciera echarse atrás-. Tú decides si me ayudas o no, aunque con tu ayuda sería muy sencillo... 
-Deja eso a la policía, Verónica- apremió él.  
-Probablemente den con él, pero no hasta que mate de nuevo, a veces incluso los dejan seguir matando para que dejen más pistas, Cave, tú puedes hacer que lleguemos a él en un día, y si no me quieres acompañar, no lo hagas, aunque podría atraparme y... 
-Ya, ya, entiendo tu punto- respondió él, entre incrédulo y molesto-. Está bien, vamos, pero sólo porque no me dejas alternativa.  
Verónica sonrió satisfecha. 

Papá, estaré en casa de Nancy este fin de semana, no te avisé porque sé que no te darás cuenta de que no estoy hasta que necesites que alguien vaya por cerveza. Por cierto, tomé del dinero de mi beca antes de que te lo gastes, cuídate mucho, y por favor no te mueras mientras no estoy. 
Te quiere,
Verónica.
Dejó la nota sobre la mesa de la televisión, y corrió a su habitación. Tomó su mochila de viaje y metió ropa interior y un par de mudas, en una bolsa antiácido metió su cepillo de dientes y pasta dental, además metió más cosas de cuidado personal en la mochila y se puso sus botas más cómodas y su abrigo más caliente para evitar llevar muchas cosas. Miró alrededor de la habitación con los ojos entrecerrados para detectar si algo se le pasaba, entonces se topó con un oso azul de peluche sobre su cama.  
-Teddy- susurró. Miró hacia la puerta y no detectó a Cave cerca, así que corrió a tomar el peluche y lo metió a la mochila en cosa de segundos. -Qué estúpida eres, Verónica- se dijo.  
Bajó las escaleras rápido y Cave ya la esperaba en la puerta.  
-Lista- dijo.  Cerró la puerta. Suspiró y miró a Cave.  
-No te asustes- le dijo mientras avanzaban por el sendero y las hojas secas crujían bajo sus pasos-. Por primera vez en mi vida siento que estoy haciendo algo bien. Que estoy ayudando a alguien... Que estamos en una misión.  
-No lo vas a matar tú, lo haré yo- dijo él, y nada más.  
Verónica asintió con un halo siniestro. 
-Está bien, no dudes que lo merece. Todas esas chicas eran menores de edad, ninguna merecía acabar así, y ahora vámonos que el último autobús pasa a las siete, y este maldito bosque está helando muy jodido. 
-Pero si es verdad, sí dices muchas palabras obscenas- dijo él, divertido.  
-¡Ah, Cave! Mierda, apúrate- respondió ella sonriendo levemente, y apuraron el paso. 

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