Aparte del las nubes, esa tarde había algo gris en el ambiente, una pesadez tan mítica, como los ecos de dolor en una habitación de tortura.
Su nombre era Priscila y a decir verdad, lo odiaba, siempre decía que tan solo por algunas letras, pudo llamarse Camila, y así evitarse todas esas molestias, siempre quiso llamarse Camila ; A sus once años, caminaba de regreso a casa, quizás aún pensado en las tareas y aquellos proyectos.
Tenía solo once años, repito, pero la puta escuela la trataba como secretaria de una empresa con mucho, mucho que hacer. Su mochila pesaba, y le dolía la espalda, el aire soplaba triste, las hojas de los árboles se movían cantando suavemente, entonces dobló hacia una calle que odiaba. Esa era la peor parte del día, pasase lo que pasase, ¿Por qué? Porqué estaba abandonada. El pasto crecía rebelde por todas partes. Y el conjunto de casas que completaban el lugar estaban vacías, decrépitas, parecía un cementerio de hogares, intentaba cruzar siempre con los ojos al frente, evitando mirar a los lados, a pesar de que era de tarde, tenía miedo. Pero era una chica mayor, y no podía dejarse asustar por ese sentimiento de soledad.
Cruzó suavemente, y fue como sí entrará a otra dimensión, ya no se oía ruido de autos, era como sí la humanidad hubiese sido tragada, aceleró el paso, y escuchó las hojas crujir bajo sus botas, aquel sonido de la suela raspar contra la gravilla, y de repente, entre aquellos sonidos tan ordinarios, escuchó un maullido, pero un maullido desesperado, como de auxilio. Si algo caracterizaba a la pequeña Priscila, (además de sus ojos miel y verdosos) era su intenso amor por los animales. Frenó... “Hey estúpida, ¿porqué paras? ¡Camina!” Dijo una Priscila menos solidaria en su cabeza “No puedo, es un gato, puede necesitar ayuda” replicó la Priscila terrenal, “Ayuda" maulló el gato. Entonces, la pequeña chica estaba de pie ahí, en la mitad de una calle llena de casas vacías, con el oído más sensible que nunca, “MEOWWWWW” ahí estaba de nuevo, miró para todas partes, sin sentir miedo por la casas que también la miraban “son sólo casitas” dijo, “Te van a devorar, hay algo dentro, espera a por ti” le dijo la Priscila mental. Sacudió la cabeza.
Caminó un poco más, “MEOOOOW”, venía de la casa a sus espaldas, lo escuchó tan claro, retrocedió y trotando, llegó a la casa, el pasto crecía y sólo una pequeña reja de madera la separaba, la casa la miraba, bañada en la luz gris de la tarde, tragó saliva, “MEOWWWWW”, si. Era ahí mismo. Detrás de la puerta. Suspiró, arrugó las cejas, dejó su mochila a un lado y saltó la reja, cayó al otro lado, y se sacudió la falda, el pasto rebelde y cubría los lados, caminó por el casi arqueológico caminó de loza que conducía a la entrada de la casa. Subió los pequeños escalones, y volteó a mirar hacia atrás, la calle estaba vacía. Tan vacía como siempre. “Corre estúpida”, “Déjame sola”, “Nos van a devorar”.
Había dos ventanas a los lados, corrió hacia una y observó, el techo de la casa estaba casi cayéndose, por lo que permitía a unos aventurados rayos moribundos entrar, e iluminaban débilmente lo que parecía en un tiempo ser la sala del lugar, todo permanecía vacío, era como sí el tiempo se hubiese olvidado de ese lugar. “MEOWWWW” venía de adentro, empujó la ventana y no cedió, empujó con más energía y cedió un poco, entonces tomó impulso y empujó más fuerte que las veces anteriores y liberando una cantidad considerable de polvo se abrió, tosió y con la mano abanico el aire para purificarlo, puso una pierna dentro y con la otra tomó impuso para proyectar su cuerpo al interior. Cayó de rodillas y se puso de pie.
-Gatito, estoy aquí, maúlla para que pueda encontrarte- dijo.
Silencio.
Avanzó un poco. Escuchó cómo la madera crujió bajo sus pies, paseó su miraba sobre toda la sala. No había nada.
-Gatit...”MEOWWWWW”
Interrumpida por el maullido, provenía del pasillo, caminó y tragó saliva, un largo pasillo se extendía y acaba en unas escaleras que apenas de podían ver.
Entonces, escudriñando entre la tenue luz, vio un pequeño bulto blanco, y escuchó el ”meow" más cerca que nunca.
-Ahí estas- se dijo. Caminó hacia el. “Detente estúpida” ”No sigas”. Se detuvo a centímetros, no podía distinguir más que esa forma pálida, casi abstracta.
-Debe estar herido- menciono suavemente.
Miró hacia atrás en el pasillo, sola, la luz era cada vez menor, se hacía de noche. Estiró suavemente la mano, sentía su corazón apuntó de salirse, entonces lo tocó, no había pelo, tocó algo lizo, frío algo maligno. Retrocedió, y entonces un la forma blanca salió de entre las sombras, no era un gato, ni un animal. Era un rostro blanco sin expresión alguna, ella podía sentir que la miraba, pero el ser no tenía ojos, podía sentir que reía porque la tenía en sus manos, pero el ser no tenía labios. Se incorporó y caminó hacia ella. De entré las sombras salieron dos largos y delgados brazos, que acaban en dedos igual de largos, ella gritó y se puso de pie, corrió por el pasillo, y las lágrimas salían de sus ojos, llegó a la sala y lanzó una veloz mirada al fondo del pasillo y entonces lo vio claramente, era un ser que vestía un traje elegante, poseía largas piernas, y sus brazos parecían huesos, fríos, filosos, solo se mantuvo ahí, podría jurar que la miraba, entonces levantó un dedo y la señaló, la chica gritó y corrió por la sala, saltó hacía fuera y huyó de la casa. Saltó de nuevo la reja con torpeza y tomó su mochila, las lágrimas brotaban de sus ojos, el cuerpo le pesaba como plomo, no podía sacar ese rostro ausente de cualquier rasgo humano de su mente, y tampoco iba a poder sacar a aquel hombre delgado, pero, esto era algo que ella aún no sabía.
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