viernes, 21 de diciembre de 2012

Restos de una docena vomitiva.

Para enero sus expectativas estaban altas, metas, sueños y demás cosas que brillaban como la plata.
Para febrero sus ánimos no decaían, no todo iba sobre ruedas pero aún no arrancaba se decía.
Para marzo sospechaba, que el clima no sería tan soleado, pero que aún no habían nubes, el cielo no resplandecía, pero tampoco estaba nublado.
Para abril maldijo a la puta, que sería su esposa, la musa durmió en otra cama, y se marchó con la cara rota.
Para mayo, se quedó sin empleo, y comió pan y agua todos los días, sus metas eran ahora, sólo un par de groserías. El cielo estaba ya nublado, la ausencia de colores era leyenda, en su corazón atormentado.
Para junio perdió el control, y todo le salió mal, la mujer no volvió, y comenzó a llover ácido en vez de aguas.
Para julio se le anego la habitación, las goteras le taparon la respiración, nadie se acercaba a el, porque apestaba a desilusión.
Para agosto los niños entraban a la escuela y el entraba a la mierda, nadie le pedía nada, porque no tenía nada, lo único que le daba calor era su sangre mexicana.
Para septiembre, la patria le escupió la cara, aún sin empleo, pero el presidente de dar un país mejor alardeaba.
Para octubre hizo más frío que el resto del calendario, los calcetines ya tenían agujeros, para pasear por las mañanas.
Para noviembre quería irse con los difuntos, cuanto los envidiaba. Lo había estado pensado en serio, el arma ya contemplaba.
Para diciembre ya estaba harto de toda esta mierda, por eso escribe este verso, mientras la pistola lo espera.

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