1- Sábado de Wonder.
Levantarse esa mañana resultó ser más pesado que en cualquier otra.
David tenía veintitrés años, y tenía el alma atrapada en un departamento de dos recamaras, una cocina y un baño, todo pequeño, el suelo tapizado de historietas y ropa sucia, papeles sanitarios con semen seco de la paja de la noche anterior, cajas de pizza vacías y latas de Coca-Cola.
La única ventana del pequeño departamento, en el décimo piso de un edificio de segunda daba vista hacía la dantesca ciudad y a un espectacular cuyo eslogan decía: "Sea feliz, sea usted mismo" de una marca de desodorantes corporales.
Después de muchos intentos, logró levantarse esa mañana de sábado, avanzó arrastrando los pies hacía el baño, abrió el grifo y después de cepillarse, se lavó la cara, se puso un par de jeans y una playera blanca con "No future" en letras negras.
La mañana era fría, después de pasarse los dedos por el cabello, improvisando un peinado, y de tomar su billetera, abandonó el edificio.
Era un gran dibujante, pero eso (Como la mayoría de los dotes artísticos que una persona pudiera poseer) le importaba una puta mierda al mundo, y más a su jefe. David era cajero en un Wal-mart y tenía que estar lidiando con el carácter estúpido de centenares de personas de clase media al día.
Y esto, esa suficiente para ser el tipo pesimista y depresivo que ya era; Sus pocos amigos sabían que tenía potencial para ser el encargado de los trazos o en entintando de alguna tira cómica, ya que él les había enseñado sus trabajos hechos a base de grafito y papel, en esas noches de nada que hacer, pero el talentoso David tenía que conformarse con solo con eso, y con gastar la mitad de su mísero sueldo en novelas gráficas y sagas.
Era un firme opositor del "amariconamiento" de los contenidos de Marvel y DC en los últimos años, solía coleccionar también películas de culto y su fascinación por los western hacía que tuviese a Clint Eastwood como el hombre perfecto. Todos debían ser como él.
Pero la vida real era una mierda, incluso el realismo de Kick-Ass era una fantasía comparada con ella.
Pensaba en todo esto, mientras caminaba a la tienda de cómics habitual, por el reciente número de Wonder Woman; Él y el dueño de la tienda, Tío Dol, eran como familiares, ya que David, en los quince años de ser lector de cómics, jamás había comprado en otro sitio. La tienda se llamaba Metrópolis, en claro homenaje a Fritz Lang, y su clásico filme de los años 20.
Después de ocho esquinas de caminar distraído ( y chocar hombros con un hombre de traje ) empujó la puerta con algo más de ánimo y la familiar campanilla sonó al abrirse la puerta.
Tío Dol levantó la mirada desde el mostrador.
-¡Hey! ¡David, buen día maldito!- saludó animado mientras cerraba el cómic que leía.
David avanzó entre los estantes de cómics sonriendo, habían dos personas más ahí dentro, y no conocía a ninguno, el primero era un hombre del lado izquierdo, con un gran abrigo negro y un gorro, la barba le tapaba algunos rasgos parecía algo inquieto pero lo pasó por alto, al otro extremo había una chica con A Dame To Kill For entre las manos pero su cabello largo y castaño en rulos robaba más la atención, levantó la mirada al sentir la del chico y sus grandes ojos miel se encontraron con los oscuros de David, le sonrió levemente y regresó la mirada al cómic, David llegó al mostrador y se recargó en el.
-¿Quién es?- preguntó curioso a Dol.
-Oh, no lo sé, nunca la había visto por aquí, viene por algo de Sin City- respondió este mirando sobre las gafas. -Ya sabes que yo reconozco a mis clientes frecuentes.- le dio una palmada a David en el hombro.
-A los que te sacamos de pobre querrás decir, viejo- le respondió con una sonrisa burlona en cara.
-Quisiera, pero el negocio esta algo flojo, ya sabes, lo único que se vende es gracias a el cine y las series de televisión, pocos están interesados en lo independiente- dijo Dol con cara de pésame.
-Ánimo viejo tacaño, al menos siempre me tendrás a mi para al menos poderte comprar un jodido Hot-Dog- le respondió David.
-Claro, claro, tú también deberías comprar uno, y comértelo por el culo, sin pan-
Ambos rieron.
-Vienes por WW ¿No?-
-Claro, sabes que no me lo pierdo por nada-
-Sí, la necesitas para masturbarte-
-No, ya tengo fotos de tu madre-
-¡Vaya! Además necrofílico-
David volteó fugazmente a mirar a la chica, seguía observando las historietas, el otro hombre parecía aún más desesperado.
-Oye Dol, en lo que empacas la compra, necesito usar tu baño- exclamó David.
-Claro, ya sabes donde está- respondió y apuntó ladeando la cabeza a una puerta a solo un costado del mostrador, la abría tirando de ella, y si estabas detrás del mostrador, debías hacerte a un lado sino querías perder un par de dientes.
-Deberías cambiarlo de sitio, los que se acerquen a pagar podrían vomitarse por el olor de tu mierda-
Wol comenzó a reír y le dijo.
-¡Entra ya al jodido baño!-
David entró y cerró tras él.
Caminó tarareando y cuando estuvo frente al único retrete, ubicado al fondo, bajó su bragueta, sacó su pene y justo antes de comenzar a mear, un grito hizo que se estremeciera.
-¡Todos quietos!-
-¡Oh mierda!- escuchó la voz temblorosa de Dol.
-Tú muñeca, avanza y ponte junto al anciano, sino quieres un abrigo de plomo- gritó la voz.
-Esta armado- susurró David.
-Yo...yo...- respondió con voz de pánico la chica castaña.
-¡Muévete carajo!-
Estaban robando la tienda por un hombre armado, no se oía ninguna otra voz, por lo que el que intentaba robar era aquél tipo de gorro.
Y entonces se dio cuenta de que estaba atrapado en un baño, a media meada y con el pene fuera de los jeans.
2- Una dama por la que mataría.
Matilda había salido temprano por un café esa mañana de sábado, se le había antojado debido a lo frío del clima y a lo bien que iban las cosas últimamente; Uno de sus mayores sueños era mudarse de ciudad, y por fin lo había logrado, consiguió trabajo en una columna de un periódico semanal, y no podía estar más feliz, así que decidió salir a conocer parte de su nueva ciudad, beber un café, y disfrutar de ese agradable clima.
Después de beber algo en una acogedora cafetería en la esquina del parque cívico, mientras leía "El beso de la mujer araña" decidió iniciar su recorrido poniéndose los audífonos.
A pesar de que era muy bonita, y su cabello castaño en rulos, nunca fue popular, debido a su introvertida personalidad, su madre le decía "La comelibros" por que eso era, podía leer sin parar, novelas, trilogías, no había distinción para ella; Cruzó frente al Hospital Santa Marta y justo al doblar por la esquina sus grandes ojos color miel se toparon con un pequeño local: Metrópolis Cómic Store.
Alzó las cejas y sonrió de lado, justo el día anterior un compañero de trabajo le había recomendado leer Sin City, y ahora encontrar una tienda especializada no se le podía antojar más perfecto.
Cruzó la calle, y empujó la puerta, una campanita sonó.
-Típico- dijo con una sonrisa en el rostro.
Una anciano de gafas levantó la mirada detrás del mostrador, y le sonrió.
Había otra persona, un hombre de barba y gorro, que la miraba de reojo, y sin razón sintió una profunda incomodidad.
Se acercó al mostrador.
-¿Sin City?- preguntó sonriendo.
-Oh, vaya, claro, tenemos todos los tomos- respondió el anciano apuntando hacia el extremo derecho de la tienda.
-Gracias- respondió, y caminó hacía la estantería, quedando justo frente al tipo de gorro, parecía nervioso, desesperado, inquieto.
Revisó hasta la letra S y ahí estaban, tomo el número uno y comenzó a leer la descripción, entonces algo le hizo levantar la mirada disimuladamente; El tipo de gorro tenía la mano dentro del abrigo, parecía tomar algo, entonces levantó la mirada, y se topó con la de Matilda, que la bajó rápidamente, intrigada busco el segundo tomo, A dame to kill for, en ese instante la campana sonó de nuevo, y un chico delgado, de cabellos alborotados y con una playera que ponía "No Future" entró sonriente.
-¡Hey! ¡David, buen día maldito!- le saludó con alegría el anciano, parecía que eran amigos, el chico caminó hacía el mostrador, y sus miradas se toparon, tenía los ojos oscuros, se sonrieron.
Se recargó sobre el mostrador y comenzaron a hablar sobre algo que ella no alcanzaba escuchar, de nuevo levantó la mirada al hombre de gorro, le inquietaba tanto,y se veía mas desesperado.
-¡Entra ya al jodido baño!- exclamó riendo el anciano en un tono más alto, el chico cruzó a un lado del mostrador y entró tras una puerta.
Entonces Matilda regresó rápidamente la mirada al hombre de gorro, entonces deparó de que él cómic que el mantenía entre dedos, estaba al revés. Él la miró y ella supo enseguida que tenía que salir de ahí, dejó rápidamente los libros en el estante y cuando se disponía a salir de ahí, el tipo metió la mano a la misma bolsa donde antes y extrajo un arma, y gritó:
-¡Quietos!-
El cuerpo se le congeló, y una serpiente de hielo se retorció en su estomago.
-Tú muñeca, avanza y ponte junto al anciano, sino quieres un abrigo de plomo- le dijo, mientras le apuntaba con el revólver y luego al aterrorizado viejo que estaba contra la pared.
Intentó decir algo, pedir piedad, ayuda, algo...
-Yo...yo...- fue lo único que salió de su boca.
-¡Muévete carajo!- le gritó avanzando hacia ella, se sobresaltó y puso las manos detrás de la cabeza y avanzó escoltada por el mortal cañón, tenía los ojos llorosos, sin decir una palabra, se paró temblando junto al anciano.
3- La mierda del mundo.
Le decían Doc y era justamente la imagen viviente de lo que llamaban Basura Blanca, era un adicto a la heroína y a la pornografía, de los que venderían hasta a su madre por una vagina o una chiva.
Pero para su mala suerte, su madre estaba muerta y ya había vendido todo, así que decidió robar, compró una Colt Defense a un vagabundo que la había robado de quién sabe donde, para suerte, traía dos balas, lo que pasó con las demás no era su asunto, necesitaba dinero, necesitaba una mujer y una chiva, y trabajar llevaba tiempo, y el ya no disponía de tiempo, lo necesitaba ahora, pensó en varios lugares para robar, y una mañana se topó con una tienda de historietas "para tipos que no cogen" llamada Metrópolis, vaya a saber la puta por qué.
Observó después de entrar varias veces, que las mañanas eran perfectas para el crimen, no había gente, y el anciano estaba solo, completamente solo.
Así fue como decidió robar Metrópolis, su barba cuidaría su aspecto, se puso un gorro, tomó un pequeño saco de tela, el arma, y los guardó en su abrigo negro.
Llevaba un tiro listo, en la recámara, otro en el revólver, no iba a disparar a menos que fuese necesario. Totalmente necesario. No podía fallar, no podía ir a prisión, por que ahí no había heroína.
Miró a un lado y al otro de la calle y entró, la campanita sonó, como le crispaba los nervios esa hija de perra.
El anciano levantó la mirada y él lo saludó con la cabeza, bajó la vista de nuevo al cómic que leía.
Todo iba bien, no había nadie más.
Lo tenía que hacer ahora mismo, aprovechar que no había nadie pero había un problema, jamás había robado y mucho menos disparado un arma de fuego, se sintió nervioso, no podía permitirse eso, tenía que ser veloz, avanzó hacía el anciano, y metió la mano en el bolsillo en el que tenía el arma, sus dedos temblorosos se fijaron con la estructura firme y helada del mango de la Colt, deslizó suavemente el dedo al rededor del gatillo mientras se acercaba más y más, estaba a casi dos metros cuando la campanita de la puerta sonó, se paró en seco y el pánico se apoderó de él, se volteó y contemplo a una chica de ojos grandes color miel entrar al local, noto que lo miraba de reojo.
-Hija de puta- susurró, sacó la mano del bolsillo, y avanzó hacia el estante más cercano, no podía perder la calma, era solo una chica, no podía con él.
-¿Sin City?- le preguntó al viejo.
-Oh, vaya, claro, tenemos todos los tomos- respondió el anciano apuntando hacia el extremo derecho de la tienda, justo frente a él.
La chica le agradeció y comenzó a revisar entre los libros, no sin antes mirarlo fugazmente de nuevo.
El anciano volvía a tener la vista clavada en el libro.
Era ahora, deslizó la mano hacía el abrigo algo más inseguro, y tomó el mango del arma, entonces, al mirar al rededor notó la mirada de la chica, retiró la mano del abrigo y justo en ese instante la campanita de la puerta sonó por tercera vez.
-La puta que los remilparió- exclamó enojado.
Era un chico delgado y de cabello extraño, avanzó y lo miró, pero sin importancia, después miró a la chica y se sonrieron, llegó al mostrador y se recargó en el.
Eran tres, ninguno representaba problema. Podía hacerlo, un anciano, una chica, y un pajero.
Disimuló un poco mientras revisaba los cómics, tomó uno entre dedos y fingía leerlo, pero ni siquiera miraba los dibujos, al cabo de unos pocos minutos escuchó al anciano exclamar divertido:
-¡Entra ya al jodido baño!-
El chico cruzó riendo a un costado del mostrador y desapareció detrás de una puerta.
Perfecto, ahí no daría problemas. Era el momento. Miró a la chica y sus miradas se cruzaron, ella bajó la mirada al cómic que él tenía entre manos. Estaba al revés. La chica dejó rápidamente lo que tenía en manos en el estante, no podía dejar que se escape, respiró profundo y sacó el revólver apuntándola.
-¡Quietos!- gritó.
-¡Oh mierda!- gritó el anciano levantando la mirada asustado y pegándose contra la pared.
-Tú muñeca, avanza y ponte junto al anciano, sino quieres un abrigo de plomo- le dijo a la aterrorizada chica mientras le apuntaba con el arma y avanzaba hacía ella.
-Yo... Yo... - dijo la chica con la voz temerosa.
-¡Muévete carajo!- le gritó y se acercó más hacía ella, puso las manos detrás de su cabeza y caminó llorosa hacía el anciano, se paró a su lado.
-No quiero matar a nadie, ¿Entienden?, solo quiero el dinero, y me voy- les dijo mientras paseaba el cañón de la chica al anciano- No intentes nada estúpido, estúpida, o te meteré dos estúpidas balas, en cada estúpida teta, y te apuesto que le atino a tus estúpidos pezones.
Ambos asintieron muertos de miedo.
-¡Y tú, hijo de puta, se que me escuchas detrás de esa puerta, no intentes nada heroico sino quieres a dos fantasmas jodiendote el culo por las noches!- gritó hacía en chico detrás de la puerta -Bien, bien, el dinero, aquí-extrajo el pequeño saco de tela de otra bolsa y lo tendió sobre el mostrador apuntando al anciano.
Doc miró hacía la entrada de la tienda, la calle estaba vacía, parecía que todo iba a su favor.
El anciano comenzó a meter el dinero en la bolsa, pero a su edad sentir ese miedo no favorecía en nada, ya que temblaba como loco y al intentar meter los billetes al saco, varios cayeron al suelo.
-Mierda, puto viejo, esto llevará mil años- saltó hacía su lado del mostrador, y lo empujó de nuevo a lado de la chica. Con una mano comenzó a llenar el saco sobre el mostrador, y con la otra apuntaba a los dos rehenes, no había ningún sonido detrás de la puerta, pero ignoraba por completo que estaba justo detrás de la puerta del baño, si se abría.
4- Flores al hospital.
David permanecía a un lado de la puerta, contra la pared, con el oído muy aguzado.
-¡Y tú, hijo de puta, se que me escuchas detrás de esa puerta, no intentes nada heroico sino quieres a dos fantasmas jodiendote el culo por las noches!- le gritó el hombre de gorro detrás de la puerta.
Sabía que estaba ahí.
Tenía que hacer algo, no podía permitir que le robaran a su viejo amigo, ni que dañen a la chica extraña, la caja registradora sonó...
-Mierda, puto viejo, esto llevará mil años-
El ladrón saltó quedando justo detrás de la puerta.
Eso era, la puerta.
Podía abrirla con mucha fuerza y el ladrón la recibiría justo en la boca y la nariz, pero ¿Y si se apartaba a tiempo?, no, no podía perder tiempo. Se quitó los tenis para evitar hacer cualquier ruido al correr, y se puso al fondo del baño, suspiró "Vamos David, como Peter cuando aprendía a saltar tejados" tragó saliva y corrió a toda velocidad a la puerta, se impactó con fuerza y chocó contra el tipo de gorro, que soltó el saco y sintió su nariz crujir, y sus dientes salir de sus lugares, pero apretó el gatillo sin ver a donde, y una bala se impactó en el muslo de chica. Cayó al suelo en el estruendo sangriento y la sangre comenzó a salir a presión, salpicando el suelo, Dol se arrodillo junto a la chica. David retrocedió sosteniendo la puerta y la impacto con todas sus fuerzas en tres ocasiones más contra el tipo de gorro, hasta que soltó el arma y la pared detrás de el se salpicó de sangre. Soltó la puerta y el ladrón cayó de bruces, con la nariz y la boca destrozadas y convertidas en una masa sangrienta, pero vivo aún.
David corrió hacia la chica, y el charco de sangre bajo ella.
-Ayuda- dijo retorciendo su cuerpo de dolor.
-¿Como te llamas amiga?- preguntó Dol.
-Ma...Matilda- dijo la chica mientras apretaba los dientes y lloraba.
-Bien, Matilda, te llevaré al hospital- exclamó David -Dol, quédate aquí, y llama a la policía. Llevaré a Matilda a Santa Marta.
-Esta bien, pero, ¿Como la llevarás?- exclamó el anciano aún asustado.
David le sonrió.
-Matilda, puede que esto duela un poco, pero te llevaré a Santa Marta, esta aquí, a la vuelta, no demoraremos, aguanta-
-Es...esta bien- respondíó la chica cuya sangre ya había formado un charco.
David se puso de rodillas y la recogió en brazos, la cargó y ella gimió de dolor. y se abrazó a su cuello.
Caminó cruzando la tienda mientras la sangre iba goteando y abrió de una patada la puerta, salió a la calle y miró a Matilda, cuyos ojos miel le miraban, entonces le sonrió.
-Me llamo David- le dijo.
-Me duele David, date prisa- dijo la chica.
-Lo haré, y estarás bien-
-¿Sí? Deberías... ir.. por.. las tar..des a leerm..e Sin Ci...ty mientras me recupero-
David le sonrió.
-Así será, Wonder Woman-
Y doblaron por la esquina dejando un rastro sangriento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario