
La casa de los abuelos canta una canción sobre soledad, la paredes son viejas, risas rezagadas de una pareja que ya no está.
Estuvieron solos, casi una eternidad, era amor en tiempos de lluvia, amor como un huracán.
La silla de la abuela ya no se balancea, la bufanda no se terminó de tejer
El gato lloró muchas noches, ya no se le ha vuelto a ver.
La casa de los abuelos canta una canción sobre fidelidad, las paredes son frías, cuadros se llenan de polvo, nadie los mira ya.
Sus hijos fueron ajenos a sus últimos días en la vida, las consciencias no los dejan tranquilos, los torturan, arrepentimiento es la misiva.
¡Oh, pero que triste el jardín que jamás se volvió a regar! ¡La abuela ya no regala dulces a los niños que pasan por allá! ¡La abuela de mirada dulce ya no esta!
¡Oh pero que triste el gato que llorando se marchó! ¡El abuelo ya nunca croquetas con forma de pez le dio! ¡El abuelo de mirada solemne se marchó!
La casa de los abuelos canta una canción sobre nostalgia, los vecinos que los miraban en las tardes sentados en la puerta, los extrañan.
Ya no hay a quien ayudar, los ojos de la abuela ya no encierran autos en su neblina ocular, y es que olvidamos cuanto valen estos dulces seres, que piensan en los tiempos donde fueron verdes, que tienen historias tejidas por reyes.
Entonces te sientas y contemplas a tu viejecita, tu que algún día la vas a llorar, dicen que los muertos son más miserables cuando sus tumbas vacías están. ¡No te vayas abuela! ¿Quien me hará café? ¿Quien sobara mi panza, cuando el dolor nadie lo pare?
Se que pronto te vas, esas canas grises me lo cuentan, prometo que tu casa, y la de mi gran abuelo, siempre cantarán canciones de belleza y serán mi consuelo.
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