Aspirante a periodista y escritor, mexicano. The Green Noise, hogar original de Verónica y otros personajes delirantes, también de poesía beat y experimental; Bienvenidos.
martes, 4 de septiembre de 2012
Amy. (Parte I de II)
Amy entro a mi clase cuando cursaba el sexto curso de primaria. Tenía cerca de 14 años. Llegó un 18 de noviembre del 64. Vestía como toda una joven dama, durante la semana usaba vestidos de tela de algodón, con estampados de flores, abejas, conejos y en ocasiones soles. Se sentaba justo detrás de mi, me la pasaba todo el día observando su cabello lacio y castaño adornado con listones de colores brillantes y alegres, descendía como un velo y contrastaba con lo blanco de su espalda, salpicada de lunares, como una noche estrellada, Amy y yo, no hablábamos muy seguido, algo me impedía ver esos ojos color miel, dulces como ella, pero le escribía todas las noches, frente a la luna. en poco tiempo se había vuelto una musa de inspiración nocturna. De anhelos de una infancia casi extinta. Amy vivía con sus abuelos al final del pueblo, en una casa grande y muy bonita, no sabia nada de sus padres, nunca los mencionaba, sus abuelos eran muy estrictos con ella por lo que Amy era una chica de estudios y culto, leía mucho, en los descansos la podías encontrar bajo la sombra de el gran roble detrás del patio del colegio, justo a un lado de la cancha de fútbol, (que era mas bien un terrero pastoso) leyendo, sonriendo a veces, otras sumergida en misterio, desde que ella iba a leer a ese lugar, ya no jugaba tan bien al fútbol.
Una mañana de enero, después de las fiestas de fin de año, me decidí a darle un poema que había escrito para ella durante las vacaciones, no podía guardar mas lo que pensaba de ella, recuerdo que permanecía sentada en un circulo en pasto con sus amigas, había ensayado durante toda la noche y mañana lo que diría, algo tan sencillo como "Amy, ¿Podemos hablar a solas?" pero, como era de esperar de un esperpento como yo, solo pude decir "Amy" en múltiples, irregulares y seguidas ocasiones, pero antes de que mis piernas huyeran del lugar, Amy sonrío, se puso de pie entre los murmullos de las chicas, me sonrío radiante y tomo mi mano para alejarme del circulo de chicas unos metros, mostró una sonrisa de oreja a oreja y unos dientes blancos como perlas, baje la mirada, mis zapatos estaban sucios, trague saliva, observe a el grupo de chicas nos miraban curiosas:
-¿Que pasa John? ¿Querías hablar conmigo?- me dijo con esa dulce voz y acento que la caracterizaba.
-Yo... Este... Amy... Te escribí algo.- respondí con una voz mas baja que un arbusto que comienza a crecer.
-Oh..- exclamo Amy sorprendida. Chasqueo la lengua y con voz alegre pregunto- ¿Sabes que amo leer cierto?
-Si... Lo he notado- le dije algo mas relajado -Veo que te gusta mucho Wilde.
-¡Claro! Wilde es de mis favoritos, creo que me siento muy...
Amy fue impactado por un balón de fútbol justo en la cara, cayo de espaldas y sentí una horrenda sensación llenar mi cuerpo, sus amigas gritaron y corrieron hacia nosotros, ella se cubría la cara. Estaba llorando, la mire una vez mas, me puse de rodillas e intente tocarla, Amy solo se arrebataba mientras lloraba en el suelo cubriendo su rostro.
-Amy, Amy, ¿Estas bien?- pregunte con pésame, las chicas llegaron y la intentaron abrazar pero Amy se arrebataba llorando, la sangre de su boca escurría hasta caer en gotas manchando en vestido de conejitos. Nunca olvidare esa imagen, tan devastadora, tan dolorosa.
-¡LAS CHICAS NO DEBEN ESTAR EN ESTE CAMPO!- grito una voz detrás de mi, me pare lleno de furia.
Era Valkiem. El chico mas tonto de la clase. Abusivo, violento, llevaba revistas de mujeres desnudas, manteniendo relaciones sexuales, y cobraba a los demás por dejar que las vean, eran de su padre. Sonreía y miraba a los demás chicos, algunos corrían a ver a Amy, otros se burlaban.
-¡Eres un imbécil Val! ¡Le rompiste la boca!- grité. Podía sentir la ira llena do mis manos. Mi rostro. Mi alma.
Val pareció sorprendido.
-¿Que te pasa John? ¿Lastime a tu novia? Las ratas de biblioteca deben estar ahí, en una puta biblioteca, no en un campo lleno de varones- dijo, y miro sonriendo a sus colegas que le devolvieron la sonrisa aprobando la mierda que hablaba.
-Ella puede estar donde quiera, la heriste, esta sangrando- le reprimí furioso.
-Yo no la golpee, ella estaba en el camino del balón, el impacto no fue mi culpa, no hay de otra- dijo.
-¿No hay de otra? ¡Amy esta sangrando!-
Las chicas la abrazaban, había parado de llorar y nos observaba mientras unas gotas rezagadas escurrían de sus ojos, una chica le había dado un listón para presionar la herida, la llenaba su mentón, cuello, y vestido.
-¡No me interesa la puta de Amy!
-¡No le llames puta a Amy! ¡La pura es tu madre!- grite lleno de ira.
Val abrió los ojos como platos, bufo como toro y avanzo furioso mientras decía "Estas muerto", apreté los puños y lo espere. Se abalanzo contra mi, pero su pesado cuerpo le resto velocidad, golpee como pude, impactado su espalda, grito, se dio la vuelta y me tomo del cuello de la camiseta, me golpeo la nuca y caí al suelo, se puso sobre mi y golpeo mi rostro, sentía un sabor metálico en la boca, arrastre mis dedos en el pasto, y recogí barro, lo aventé contra sus ojos, grito maldiciendo y se llevo las manos al rostro, aproveche para golpear la boca de su estomago, me escurrí de el me puse de pie, y mientras el permanecía de rodillas sobando sus ojos patee su estomago con toda la fuerza de la ira. Cayo de espaldas dando bocanadas. Las chicas gritaron triunfales. Solo pude contemplar a Amy, que me miraba sorprendida. Los chicos se alejaron llevando a Val con ellos. Regrese a donde estaba Amy, la levante, la cargue entre mis brazos y justo antes de dejarla en la enfermería le entregue la carta. Salpicada de sangre. Pero por lo demás a salvo.
Desde esa mañana, Amy y yo nos volvimos mas unidos. Y Val nunca se metió con ella de nuevo. Platicábamos todas las mañana sobre libros, música, ciencia ficción, Amy me contó una ocasión que su primo había tenido la dicha de encontrarse a Jim Morrison en un bar de Los Ángeles, Amy no mentiría. Dijo que me traería el autógrafo que su primo había conseguido. A veces comíamos juntos, otras la acompañaba a su casa, pero la dejaba unos metros antes, su abuelo era muy celoso. Amy siempre sabia alegrarme. Con sus ocurrencias. Con su simple presencia. Podía pasar horas observándola. Me mostraba pasos de baile, vinilos nuevos, fotografías de animales, coleccionaba cromos de artistas de rock, y usualmente le gustaba estar descalza. Decía que se sentía libre.
Todo cambio el marzo de ese mismo año.
Amy llego una mañana fría, sin saludar a nadie. Paso a mi lado como quien pasa al lado de una mesa. Se sentó en su lugar, y no saco ningún libro como usualmente hacia para matar el tiempo mientras llegaba el profesor, solo cruzo sus brazos y apoyo su cabeza en ellos. Un largo mechón de cabello le cubría la mitad del rostro.
Sentí miedo. Toda la mañana estuvo igual. Sin hablar. Y nadie se atrevía a dirigirle la palabra por miedo a ser rechazado. ¿Que le sucedía? Su abrigo permanecía cerrado hasta el cuello al medio día, y su gorro en la misma posición. Ayudando al mechón a cubría su rostro. El timbre para el descanso sonó. Y todos salieron. Solo nos quedamos Amy, y yo. Me acerque lentamente a ella, observándola ; Levanto la mirada y me miro, huyo de ella y volvió a la posición. Trague saliva y me senté a su lado, se estremeció.
-Amy..
-Dejame sola- respondió fría. Distante.
-Solo quiero saber si est...
-John. Vete- dijo.
-Amy... Por favor...
-No, por favor tu, dejame sola- dijo sjn mirarme. No era ella. No era su voz alegre. Su sonrisa. No era Amy.
-Amy... No.. - puse una mano sobre su hombro y se estremeció aun mas violentamente, como asustada.
-No me toques, vete, no me vuelvas a tocar. No- se quebró en llanto.
-Oh, no, Am..
Se puso de pie, y corrió rápidamente huyendo del salón, con lagrimas en los ojos.
Me quede solo, sin entender nada. Observando las lagrimas que se secaban en el pupitre.
Se paso todo el recreo en el baño, sus amigas decían que la habían oido llorar pero no hablaba con ninguna, los dias pasaban y Amy se comportaba igual, no hablaba con nadie, mucho menos conmigo, huía de mi, de mi mirada, de mi presencia, de mi ser, buscaba respuestas en sus compañeras pero nadie sabia nada, ni los profesores, Amy era una tumba. Creí que todo se debía a sus padres, o problemas de chicas, pero todo cambio una mañana en que Rose una de sus mejores amigas me envió un papel con "Te espero en el campo, a la salida, es sobre Amy". El día paso mas lento que un caracol con silla de ruedas, y a la salida corrí tras Rose al campo, cuando llegamos me dijo:
-John no quiero que digas absolutamente nada de lo que te diré, se que quieres mucho a Amy, y por eso mismo te cuento esto, pero también te pido silencio, puedo salir afectada.
Eso solo aumento mi paranoia.
-Es un trato.. habla.
Rose hizo una mueca, miro para todos lados y comenzó:
-Bien, ayer por la tarde en las clases de natación, las cuales comparto con Amy por las tardes, olvide mi moño morado en los vestidores de las duchas, por lo que regrese, para mi sorpresa Amy estaba ahí, cuando abrí estaba desnudándose para la ducha, seguramente no paso seguro porque dedujo que no había ya nadie en el lugar, y estaba en lo cierto pero, yo regrese, apenada intente cerrar de nuevo sin que ella se diera cuenta, pero justo cuando lo hacia, vi unas horribles marcas en sus piernas y pechos John...
-¿Ma..marcas?- Pregunte horrorizado.
Rose bajo la mirada y lagrimando continuo:
-Si, marcas de golpes John... golpes....
Permanecí ahí, sin poder moverme, observando el pasto, sintiendo el sudor frió en mi espalda, oyendo los sollozos de Rose, solo tenia algo en mente, averiguar que pasaba con Amy, y solucionarlo de una vez por todas.
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